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Rubén Tablar, José Godoy Jorge Iriberri y Alfredo Barragán, cuatro estudiantes bonaerenses fueron los primeros en navegarlo en forma íntegra en 1973. La aventura duró 27 días y los forjó para expediciones mayores, como la legendaria Atlantis. Vuelven el próximo verano a repetir el tramo final, pero con un río afectado por la sequía y la disputa por el agua. En Río Colorado, La Adela y Pedro Luro, ciudades que abarcará la nueva travesía simbólica, preparan una gran fiesta para el 11 febrero próximo. El bajísimo caudal del río que cruza cinco provincias (Mendoza, Neuquén, Río Negro, La Pampa y el sur bonaerense), la administración del agua y el impacto del cambio climático serán tema de debate durante la conmemoración. (Fuente: Diario Río Negro)

“Jamás vimos a nadie llegar por el río”. La frase resuena en la mente de los cuatro amigos de aventuras, pese a que pasaron 50 años desde que la escucharon. Se las dijeron los puesteros que cruzaron en las orillas del Colorado, aquella vez que se tiraron al agua en dos gomones y le dieron duro a los remos hasta lograr la hazaña: ser los primeros en navegarlo de punta a punta. Desde los Andes hasta Fortín Mercedes, unos kilómetros antes de llegar al mar, donde el cauce se desdibuja en un cangrejal inaccesible.

Los cuatro integrante revivirán -ahora en sus kayaks- la etapa final de aquella travesía de 1.100 kilómetros. Duró 27 días y fue el punto de inicio para otras memorables que hicieron por todo el mundo.

Volverán al Colorado para agradecerle al río y a sus pobladores ribereños que los apoyaron en sus inicios.

Aquellos muchachos sedientos de aventura rondan hoy los 75 años, así que Alfredo Barragán, “el capitán”, indicó a Río Negro que les mantiene el ánimo bien en alto: “Muchachos, aguanten, ni se les ocurra morir ahora”.

En Río Colorado, La Adela y Pedro Luro, ciudades que abarcará la nueva travesía simbólica, preparan una gran fiesta para el 11 febrero próximo.

El bajísimo caudal del río que cruza cinco provincias (Mendoza, Neuquén, Río Negro, La Pampa y el sur bonaerense), la administración del agua y el impacto del cambio climático serán tema de debate durante la conmemoración.

Cuando llegaron a Fortín Mercedes el 11 de febrero de 1973, el Colorado tenía un ancho de 200 metros y dos de profundidad. “Hoy el mismo lugar está lleno de bancos de arena, el cauce es de 20 metros y el agua te llega a la rodillas”, explicó Barragán. “Es penoso verlo ¿Qué pasó, qué hicieron?”, se pregunta.

Un poco de historia

Corría el año 1972 cuando la idea surgió de la charla entre unos amigos universitarios bonaerenses : Barragán, José Luis Godoy, Jorge Iriberri y Rubén Tablar. “Nos enteramos que el Colorado nunca había sido navegado en su totalidad. Nos llevó 10 meses de planificación, antes de largarnos al agua, el 16 de enero de 1973, en la cordillera, en la confluencia de los ríos Grande y Barrancas, justo en el límite entre Mendoza y Neuquén. Utilizamos dos balsas náuticas a remo que nos prestó la Armada y llevábamos unos 150 kilos de equipamiento”, describió Barragán.

Los estudiantes tenían entre 22 y 24 años. Fue vital el apoyo de los familiares, que les prestaron un Chevy con un carro para que pudieran acercarse a la confluencia de los ríos Barrancas y Grande, donde nace el Colorado, cerca del límite entre Mendoza y Neuquén.

Ya en el agua, los gomones se sacudían en los rápidos, pero los navegantes los mantenían en linea con sus remos de madera. No tenían una carta náutica. La pidieron a los organismos competentes. Ninguno la tenía.

La crecida había creado muchos brazos y a veces erraban el cauce y se encajaban. En otras, las piedras del lecho perforaban el bote y había que parcharlo, esperar toda la noche a que secara, y vuelta a remar al día siguiente.

El viento sopló en contra durante casi toda la travesía que se dividió el tres etapas: desde la naciente hasta 25 de Mayo: desde 25 de Mayo a Río Colorado, y la última desde Río Colorado hasta Fortín Mercedes.

Primero los acompañó a la vista el volcán Tromen, luego aparecieron las barrancas que con el correr de los días se convirtieron en bardas. El paisaje se fue achatando hasta terminar como un río manso de llanura.

Cuando caía el sol, buscan una zona playa y armaban la carpa canadiense. Luego montaban las antenas, conectaban la radio y pasaban el parte a sus familiares.

“No existía el GPS ni ningún medio de posicionamiento moderno. No teníamos información de nada. Así que nos dedicábamos a remar y remar”, indicó José Luis Godoy.

Los locos del río

Una vez a la semana un avión de la Fuerza Aérea los sobrevolaba para identificar su posición.

El rumor de los “locos que venían por el río” se había expandido por toda la región.

Ya en Río Colorado empezaron a firmar autógrafos y dieron sus primeras notas a los medios interesados por su aventura.

La llegada a Fortín Mercedes fue una fiesta, con una multitud en las costas, autoridades, aviones sobrevolándolos y un bote de la Armada de respaldo. La hazaña se había concretado. “Allí pudimos cristalizar lo que soñábamos de chicos”, dice Barragán.

Ahora esperan la llegada del próximo verano para revivir con todos aquella emoción.

El bote inflable.- Se los prestó la Armada, que lo había desechado porque vibraba mucho con el motor. Tenía un espejo en popa con un plano transversal que lo cierra. Una proa en V con un tubo por cada lado, donde iba montado cada remero. Un piso de lona y sobrepiso de madera. Era muy lento, con un bordo alto –mucho bote fuera del agua- y en un cauce quieto costaba moverlo

En caballo y mulas.- Cuando se terminó el camino en el paraje de Butacó para llegar a la naciente del Colorado, tuvieron que seguir con la carga en caballos y mulas que les facilitó una familia mapuche. El Chevy con acoplado ya no podían con las pendientes.  Restaban 7 kilómetros y les indicaron el cauce de un arroyo para poder llegar.

Duración.- 27 días les llevó la navegación del Colorado, 23 con viento en contra.

50 kilómetros diarios.-Remaban de sol a sol para cumplir con el objetivo.

Un día de la travesía.- Despertaban al amanecer. Desarmaban la carpa y cargaban todo y lo ataban en los botes, porque en los rápidos se sacudían mucho. “Remábamos cerca para poder hablarnos de bote a bote. Y a descubrir qué había después de cada curva. Sin carta náutica no sabíamos qué. Y a veces en las noches, según como estuviera el viento, oíamos el ruido del río adelante”, explicó Barragán. Muchas veces era atronador, no sabíamos si venían rápidos o una pequeña caída, o salto. Era doblar y ver.

Remaban “a caballo”.- Iba montado cada uno en el tubo lateral del bote. Una pierna dentro y la otra en el agua. Con un remo simple, de madera. Era darle y darle, golpear y seguir. Si se pinchaba un tubo había que salir a la costa, vaciar el bote, darlo vuelta, encontrar la rajadura y parcharlo. Luego, esperar hasta el otro día que secara para poder seguir.

Derrame de petróleo.– Tuvieron que quedarse tres días en 25 de Mayo, La Pampa, por la rotura del oleoducto que cruza el río y transporta el petróleo hacia la planta de Catriel. Les decían que el petróleo podía afectar la tela de los botes. Una vez que repararon la pérdida, siguieron con la travesía.


La alimentación.- Al mediodía comían algún salamín, un trozo de queso, una lata de sardinas con pan. A la noche fideos o arroz. Un par de veces tuvieron suerte:  cruzaron un puesto en la costa y asaron un trozo de cordero que les regalaron. Única bebida, el agua. La del Colorado no es traslúcida. La dejaban sedimentar en una olla. Rubén Tablar fue el cocinero del grupo. “Administraba la pobreza”, explicó risueño. También fue el encargado de las filmaciones. Habían llevado 30 metros de película súper 8.

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