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La crisis hídrica que sufre el Rio Colorado pone en riego la próxima campaña de cebolla, principal producto de comercialización en el distrito. El Extensionista del Área de Horticultura y Riego de Inta Rolando Anze dialogó con la Zfm comentando la problemática con la que se van a encontrar los productores y posibles medidas paliativas para manejar esta crisis.  Este flagelo lleva a plantear otros métodos de producción para optimizar el escaso recurso hídrico con el que se contará. Anze indico que aún no se sabe cuándo se va iniciar la campaña de riego; esto dependerá de las nevadas en cordillera. Lo  que se maneja es que podría ser entre principios o finales de septiembre (incluso en octubre), lo que significaría un problema para los productores que inician la campaña cebollera en agosto.  En caso que el agua se habilite en octubre, la siembra directa no sería recomendable. Anze indicó que una alternativa esta solución es el uso de los plantines, algo que era común varios años atrás: se siembra en almacigo a fin de julio – principios de agosto y se trasplanta en el campo cuando se disponga de agua.

Compartimos este detallado informe de la revista InterNos sobre el tema.

Datos del Consorcio Hidráulico del Valle Bonaerense señalan que la crisis del Río Colorado se inició en 2010, después de varias temporadas donde la normalidad estaba marcada por un promedio histórico de poco más de 4.600 hectómetros cúbicos. Ese año, lo que parecía una excepción (2648 hectómetros cúbicos) se transformó en el punto de partida de una caída generalizada que duró una década, aún con eventuales repuntes.

En la campaña 2019/20 nevaron en la cordillera (que abastece el cauce del Río Colorado) apenas 1.693 hectómetros cúbicos. Hay que remontarse hasta la temporada 1967/68 -donde la baja alcanzó los 1.657 hectómetros cúbicos- para encontrar registro de una sequía de estas dimensiones. Sin embargo, por aquel entonces el impacto productivo fue menor porque entonces sí se trataba de un año atípico y, además, el área de riego era mucho menor a la superficie agrícola actual.

La situación es crítica no solo por el registro histórico sino por las perspectivas a futuro. Desde el Consorcio Hidráulico informaron que las primeras nevadas de este año no permiten tener la certeza de que se vaya a quebrar la tendencia registradas desde 2010. Los expertos estiman una acumulación de nieve que estaría en el rango de las nevadas de 2018 y 2019, es decir entre 2.800 y 1.700 hectómetros cúbicos; valores muy bajos que combinados con la escasa reserva en el embalse Casa de Piedra, anticipan un año de sequía en la región. De cumplirse este pronóstico, 2019 y 2020 tendrían el triste récord de las dos nevadas más bajas en más de 100 años.

Durante la campaña anterior se regó un 30% menos de lo planificado (se erogaron sólo 80 metros cúbicos, contra los 120 normales) y el área irrigada se redujo de 100 mil a 70 mil hectáreas sólo en el último período. En ese contexto, muchos productores de cebolla comenzaron a emigrar hacia otras zonas productivas del Valle inferior del Río Negro, como Viedma, Conesa o General Roca.

Algunas entidades cebolleras hablan de una caída de hasta el 50% en la cantidad de productores en la zona del sur de Villarino y el norte de Patagones. Y de entre 5 mil y 6 mil hectáreas menos destinadas a la siembra (de las 10 mil que existen en la zona). Daniel Iurman, agrónomo de la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Hilario Ascasubi, consideró que si bien es esperable una reducción de la superficie trabajada, por el momento es aventurado conocer a ciencia cierta qué decisión tomarán los productores.

El dique Casa de Piedra, situado en La Pampa, fue construido luego de un convenio entre las distintas provincias que integran el COIRCO (ente que maneja el recurso hídrico) para hacer más eficiente el manejo del agua para riego y producir energía. Históricamente los altos caudales del Río Colorado se producen en diciembre y enero a causa del deshielo cordillerano. La edificación de este dique en la década del noventa tuvo como objetivo almacenar y disponer del recurso hídrico según la demanda de consumo durante los ciclos productivos, estabilizando la irrigación de la zona.

En el caso de la cebolla tardía la apertura de esa canilla gigante se realiza, en temporadas normales, durante el mes de agosto. De agosto a noviembre -comienzo del ciclo del cultivo- los productores utilizan el agua almacenada en el dique para regar. Luego, en noviembre, comienza a ingresar el agua de deshielo que recupera los niveles de reserva.

El conflicto que enfrenta ahora la región es que durante la campaña 2019/20 se utilizó gran parte del agua de reserva, y su escasa recuperación pone en vilo a la próxima siembra. “Al haber perdido tanta cantidad de agua, estamos previendo que el volumen disponible alcanzaría para 20 o 25 días de riego. De esta manera, no podríamos largar el agua el primero de agosto, tampoco en septiembre, sino recién en octubre. El problema es que la ventana de siembra de la cebolla es hasta el 15 de septiembre, con lo cual estaríamos perdiendo la campaña de este año. Estamos frente a una de las peores temporadas de riego de la historia y el panorama es desalentador”, dijo a InterNos Luciano Príncipe, presidente del Consorcio Hidráulico del Valle Bonaerense.

Iurman, por su parte, es algo más optimista y cuenta que desde INTA están trabajando en algunas opciones para afrontar la siembra en un contexto de escasez de agua. “Si la situación con las nevadas mejora y el agua llega a venir a principios de septiembre, todavía se está a tiempo de hacer cebolla con el sistema convencional de siembra directa. Es un poco tarde, pero en aquellos lotes bien preparados y con buen manejo es posible”, analizó.

El problema en este caso es que el ciclo de riego del cultivo se acorta y trae como resultado un producto más pequeño, que rinde menos kilos por hectárea y que, si bien al fin y al cabo es cebolla, es menos atractiva comercialmente.

“Si finalmente el dique se abre en octubre, lo cual es una gran posibilidad, la siembra directa no es recomendada. Habría que transformar el sistema. Lo importante es anticiparse al escenario y estar preparados. Por eso sugerimos volver a trabajar con una tecnología que está un poco dejada de lado, que es el plantín”, agrega Iurman.

La propuesta de INTA se dirige a trabajar en la producción de plantines para ser trasplantados cuando finalmente haya disponibilidad de agua. De esta manera se generaría un doble efecto positivo: se sostendría parte de la mano de obra durante el mes de octubre y posteriormente se garantizaría trabajo en las tareas de cosecha y empaque, reduciendo el impacto social de una caída en la superficie sembrada.

Sobre este último punto Iurman comentó que, de cualquier manera, es factible que mucha de la cebolla cosechada en Río Negro termine siendo procesada en los empaques del sur bonaerense. En cambio, Luciano Príncipe no coincide con esta mirada: “No veo posible que funcionen en ese sentido los empaques de la región: hoy los fletes te dejan afuera de los negocios”.

Desde el aspecto productivo, el agrónomo de INTA resalta los beneficios del plantín: evita riegos ineficientes al comienzo del ciclo, reduce malezas y elimina la posibilidad de daños por insectos sobre la semilla. No obstante, los costos de esta metodología son un obstáculo para su implementación: además del valor de los plantines y la estructura para su realización, se requieren alrededor de 20 jornales por hectárea. Por eso, Iurman adelantó que están gestionando distintas fuentes de financiamiento con la provincia, para avanzar en microcréditos que costeen la inversión que representa modificar el sistema productivo.

Otra alternativa que se evalúa desde la entidad, y para la cual también se negocia financiamiento, es la diversificación productiva. El objetivo es que durante esta campaña los productores trabajen con otros cultivos (papa, batata, zapallo, por ejemplo) que tienen un ciclo de crecimiento un poco más estrecho y que se adaptarían mejor a la disponibilidad de agua durante los meses de octubre – febrero, evitando así un desarraigo generalizado en la zona.

En este punto no es menor mencionar que gran parte de los cebolleros bonaerenses son pequeños productores que alquilan la tierra por temporada, con contratos por porcentaje de producción y, en la mayoría de los casos, con cláusulas que los obligan a sembrar únicamente cebolla. A esto se suma que, ante las expectativas de la campaña, cada vez son menos los dueños de tierra dispuestos a alquilar sus lotes para esta actividad. “Las alternativas productivas son difíciles. Nosotros no tenemos contratos de alquiler de suelo, podemos alquilar solo si es para producir cebolla, no se puede disponer de la tierra para diversificar”, comentó Beimar Llanos Condori.

Caso contrario es el de Oscar Ilgner, productor de la zona dueño de la tierra que tiempo atrás abandonó la producción de cebolla a gran escala y encontró una alternativa en la producción orgánica de papa, batata y zapallos de distintas variedades. “Antes producía 40 o 50 hectáreas de cebolla para exportar. Pero fui dejando ese negocio por el problema del agua y los costos de producción dolarizados. Encontré en los productos orgánicos una variante, pero no es la realidad de la media en la zona”, describió a InterNos.

En un contexto de baja expectativa de siembra, cabe preguntarse qué sucederá con los precios en el mercado interno, que podrían dispararse ante una cosecha disminuida. Consultado sobre este punto, Iurman afirma que ese es un escenario posible pero no probable, debido a la multiplicidad de factores que condicionan el desarrollo del mercado.

Uno de ellos la imposibilidad de determinar efectivamente cuánto disminuirá la oferta, dada la gran cantidad de productores que se trasladarán a otras zonas productivas, lo cual generaría una suerte de compensación en los volúmenes. “También podría pasar que los productores que están más armados siembren un poco más para obtener mejor precio; mientras que los productores más chicos, que están expectantes, planten menos pero planten”, acotó Iurman.

En síntesis, por el momento no es posible dilucidar cuántos productores efectivamente van a dejar de plantar y cuántos van a producir como lo hacen siempre, pero en otras regiones.

Otro punto a considerar es el rol que ocupe Brasil, principal comprador del producto argentino: si el próximo otoño no tracciona una demanda importante, la cebolla puede ser suficiente para cubrir el mercado interno. En cambio, si tracciona por encima de los valores normales, seguramente se alcance un escenario de escasez relativa.

Para Luciano Príncipe la producción de cebolla se tornará prácticamente inviable esta temporada. Su preocupación central es que la crisis productiva decante en una radical pérdida de mano de obra. “La región se compone por cuatro pueblos con un total cercano a los 45.000 habitantes. Si bien llegan trabajadores golondrinas (NdE: entre 5 a 7 mil personas según la temporada) esta es una economía regional muy específica: la gente gana bien en la cebolla y la gasta en la zona. Por eso el éxodo de productores puede significar una crisis social que, en una situación económica compleja, se transforme en la tormenta perfecta”.

En el mismo sentido, Príncipe se mostró crítico con las autoridades provinciales por la falta de respuestas y el escaso financiamiento para resolver esta coyuntura. “A principio de año le propusimos a la provincia un sistema de financiamiento para avanzar en la impermeabilización de los canales. Las pruebas que hemos hecho funcionaron bien, pero para implementarlo se necesitan fondos y nos dijeron que no había plata”, dijo en relación a la asamblea con más de 300 productores realizada en el mes de febrero, donde le solicitaron a CORFO (entidad encargada de administrar el agua) que los exima del pago del canon de riego por el transcurso de un año, para que dicho dinero pueda ser reinvertido en la mejora del sistema secundario de regadío, es decir, en el sistema de riego interno del campo.

Por otro lado, consideró “difícil de implementar” la propuesta de INTA para la utilización de plantines por la falta de conocimiento técnico y la necesidad de capacitar a los trabajadores rurales en esta metodología. Añadió que el verdadero problema era la sábana corta del riego esta temporada. “Si se larga el agua a mediados de septiembre para no perder la cebolla, hay que cortar en febrero. Y así se perdería el riego de otros cultivos como maíz, pasturas y cultivos de fina; trigo, cebada…”.

De cuajo queda desaconsejada la siembra de cebolla temprana que se realiza durante los meses de abril y mayo. A estas cebollas se le realizan dos riegos previos al ingreso de la veda -momento en que Casa de Piedra corta el paso del agua a los canales de riego y se realizan las tareas de restructuración y limpieza- y el cultivo queda latente durante el invierno. En agosto, cuando en teoría se habilita el riego nuevamente, se continúa con el ciclo productivo que permite cosechar en diciembre.

Pero dada la falta de previsión de la fecha de inicio de la campaña de riego para la campaña 2020/21, desde CORFO sugieren no incurrir en la siembra de cebollas tempranas ya que no se puede asegurar el abastecimiento de agua para terminar el cultivo. Incluso es posible que el riego se corte hacia fines de febrero, por lo que tampoco se contaría con el recurso durante el momento de siembra. De cualquier manera, no puede descartarse que algunos productores se aventuren a buscar buenos precios en caso de una escasez de oferta.

Evitando miradas fatalistas, Iurman describe el contexto actual como “una crisis puntual” de la cual la zona se recuperará apenas los indicadores de nevadas comiencen a mejorar. “Acá están las mejores tierras, la infraestructura, las fábricas de maquinaria, los técnicos que conocen el cultivo, las instituciones que apoyan. Es probable que los productores se vayan un año pero cuando las cosas se reviertan, vuelvan”, concluyó.

Información para decidir

El pasado 11 y 12 de junio, la Mesa Coordinadora para el Desarrollo socio-productivo del valle Bonaerense del río Colorado, perteneciente a CORFO e impulsada por la Provincia de Buenos Aires, realizó sus primeras reuniones para organizarse “ante los pronósticos desalentadores en cuanto a nevadas y posibles caudales similares a los últimos años en el río Colorado”.

El principal acuerdo fue intensificar las comunicaciones con regantes y productores, es decir, otorgar la mayor cantidad de información disponible para que cada actor agropecuario tome las decisiones que considere más aconsejable en sus campos.

Además, afirmaron que comenzarán a trabajar en acciones “a corto, mediano y largo plazo” para disminuir los impactos negativos de la situación hídrica de la cuenca. Probablemente en las próximas semanas lleguen noticias oficiales sobre dichas acciones.