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La parasitosis gastrointestinal de los bovinos es una enfermedad que usualmente afecta a los animales jóvenes y está producida por una variedad de nematodos (lombrices) que se alojan en el tracto digestivo generando lesiones y trastornos funcionales que impactan seriamente la ganancia de peso y el desarrollo de los animales afectados. En el programa Nº23 del Espacio Ganadero, la Ingeniera agrónoma Josefina Marinissen nos brinda un completo y detallado informe.

Las infecciones por lombrices gastrointestinales están asociadas a los pastoreos debido a que estas desarrollan parte de su ciclo de vida en la pastura para alcanzar el estadio infectivo y poder ser ingeridas con los bocados de forraje, desarrollando posteriormente el resto del ciclo en el animal hospedero.

Las parasitosis gastrointestinales han sido estudiadas durante décadas, no obstante esto, la realidad muestra que la prevención de pérdidas económicas y el control de las infecciones en la práctica resultan cada vez más difíciles. Esto se debe principalmente al desarrollo de resistencia de las lombrices y a las cambiantes condiciones de producción donde la intensificación de los sistemas genera un alto riesgo de transmisión de los parásitos. Es así entonces, que el desafío de la ganadería actual seria convivir con esta problemática tratando de que la misma impacte de la menor manera posible en el sistema productivo.

EFECTO DE LA PARASITOSIS SEGÚN CATEGORIA ANIMAL

Las infecciones por lombrices gastrointestinales son especialmente importantes en los animales en crecimiento a partir del destete. Esto se debe a que la respuesta inmunitaria de los animales es variable para los diferentes tipos de lombrices, de lento y progresivo desarrollo dependiendo del nivel de infección de la pastura.

Los terneros al pié de la madre nacidos a fin de invierno y destetados a mediados fin de verano usualmente no presentan mayores problemas parasitarios bajo condiciones climáticas y nutricionales normales. La evolución de las ganancias de peso estará acorde a la producción de leche y aptitud materna, de la calidad del forraje y de la base genética para llegar a una condición y peso corporal apropiados al destete. En este manejo, el nivel de riesgo de infección parasitaria es usualmente bajo debido a que las vacas tienen una sólida inmunidad y la excreción de huevos de nematodos en la materia fecal –contaminación- será despreciable. Además, la primavera y el verano constituyen estaciones donde -por dilución o mortandad- la cantidad de larvas (infectividad) es muy baja. En esta situación de normalidad la desparasitación de los terneros debe hacerse bajo estricta recomendación profesional para evitar el uso innecesario de antiparasitarios.

Los terneros destetados que comienzan el engorde sobre pasturas a fin de verano encaran un período crítico que se extiende hasta la primavera, debido a los altos niveles de infectividad del forraje consumido. A lo que se agregan ectoparásitos –sarna y piojos- condicionando seriamente la ganancia de peso y desarrollo esquelético-muscular de los animales. De tal forma y como consecuencia de una carga importante de lombrices en cuajo e intestinos, en un período de 6-8 meses los animales pueden acumular pérdidas subclínicas –no se perciben- de peso de 20-30kg/animal y llegar a 40-50kg/animal. En esta situación el cuadro clínico que se observa es típico, diarrea, pelo arratonado, edema submandibular acompañado de una notoria pérdida de peso (fig. 1).

Figura 1. Síntomas clínicos de parasitosis gastrointestinal

Las pérdidas de peso por parasitosis acumuladas durante el otoño-invierno no se compensan durante el pastoreo de la primavera. Esto se debe a que las lesiones en el cuajo e intestinos dejan secuelas muy importantes condicionando principalmente el metabolismo de las proteínas. Se produce en consecuencia disminución de la masa muscular con un gran compromiso de los cortes con mayor valor comercial y pérdida de calidad debido a un aumento de la proporción de agua y un marmoleo atípico de la carne. Por sobre esto, se ha observado una merma en el rendimiento al gancho que llega al 3-5%.

En la recría de las hembras destinadas a reproducción los efectos de las infecciones parasitarias dejan algunas secuelas irreversibles cuando el control es deficiente. La primera expresión es la falta de desarrollo y funcionalidad del aparato reproductor cuando el servicio se realiza a los 15-18 meses dejando fuera de la programación productiva el 60-70% de las hembras (fig. 2). Sin embargo, la falta de un desarrollo esquelético completo es una de las consecuencias más severas e irreversibles quedando animales con menor contextura general y área pélvica reducida condicionando seriamente la factibilidad de un parto natural y normal.


Figura 2. Efecto de la carga parasitaria sobre el desarrollo genital en la recría (útero – vagina y ovarios en vaquillonas de 15 meses.

La vaquillona de segundo servicio presenta riesgo moderado en función de las condiciones de pastoreo, nivel de infectividad, previo al parto y de los tratamientos antiparasitarios administrados.

La vaca de rodeo general usualmente no expresa problemas parasitarios en función del nivel inmunitario adquirido y deberán ser desparasitadas ante situaciones excepcionales, p.e. vacas destinadas a engorde.

Los machos enteros destinados a reproducción deben ser recriados con los mismos cuidados que las hembras y seguidos de cerca durante el período que dura el servicio, justificándose en algunos casos el tratamiento pre-servicio.

NIVELES DE RIESGO

Riesgo bajo: vacas secas y con cría. Usualmente no necesitan tratamiento antiparasitario, excepto situaciones excepcionales (ej. alto estrés por manejo, complicaciones nutricionales o sanitarias, etc.) y la vaca “cut” (criando último ternero) que será engordada previo a la venta para faena.

Riesgo medio: novillo-vaquillona mayor a dos años, toritos, toros adultos. Se desparasitan ocasionalmente y en base a un diagnóstico profesional previo que establece la necesidad y oportunidad del tratamiento, además de droga comercial a emplear y dosis.

Riesgo alto: recría de machos y hembras. Son las categorías más susceptibles del sistema de producción, y es donde se debe focalizar el uso de los antihelmínticos respaldado por el diagnóstico y el criterio profesional en la interpretación de la información (fig. 3). Figura 3. Niveles de riesgo y necesidad de tratamiento antihelmínticos.

Pensando en el riesgo podemos decir entonces, que los sistemas dedicados a la invernada y aquellos con potreros destinados exclusivamente a la recría presentan en general niveles medios a altos de riesgo de infecciones parasitarias, en función de la intensa contaminación por huevos de nematodos que frecuentemente producen los animales jóvenes.

Los sistemas de engorde a corral -feedlot- son de escaso/nulo riesgo, desde que la base de la alimentación está constituida por concentrados, granos, silos, balanceados, etc. que por su origen y procesamiento no contienen larvas infectivas de nematodos. Sin embargo, se debe tener la precaución de que la desparasitación previa al ingreso de los animales haya sido eficaz.

PARASITOS MÁS COMUNES. CICLO DE VIDA.

Los vacunos pueden albergar varios géneros parasitarios en su tubo digestivo, aunque frecuentemente, son unos pocos los de mayor abundancia y efecto para los animales. Si bien el rumen puede alojar parásitos – en condiciones especiales y con escasos efectos productivos-, el resto del tracto digestivo es el que aloja las lombrices con mayor importancia económica:

  • CUAJO: Ostertagia spp., Haemonchus spp., Trichostrongylus spp.
  • INTESTINO DELGADO: Cooperia spp., Trichostrongylus spp., Nematodirus spp.
  • INTESTINO GRUESO: Oesophagostomum spp., Trichuris spp.

El tamaño de las lombrices varía entre 0,25 y 3cm de largo y las más importantes son los que se alojan en el cuajo, debido al tipo de lesión que provocan y las consecuencias para el funcionamiento correcto de los procesos digestivos, como se menciono anteriormente.

Las lombrices gastrointestinales son de ciclo directo y comprenden la “fase parasitaria” que se cumple en los animales y la “fase de vida libre” que se desarrolla en el ambiente hasta alcanzar los estadios infectantes que serán ingeridos con el pasto.

La fase parasitaria comienza cuando los animales ingieren las larvas infectivas con el pasto y evolucionan a lombriz adulta en unas 3 semanas; aparecen los huevos en la materia fecal y así, la contaminación en las pasturas. Durante el pastoreo de primavera, los animales pueden alojar una cantidad muy importante de larvas de la lombriz Ostertagia spp que detienen su ciclo en las glándulas del cuajo durante 3/4 meses para reanudarlo durante el verano.

La fase de vida libre se desarrolla inicialmente en la bosta, donde los huevos, contaminación, de las lombrices evolucionan hasta larva infectiva; este proceso se cumple en un período que varía entre 1 y 6 semanas dependiendo si es verano o invierno. Por efecto de las lluvias y la humedad se trasladan a los pastos circundantes para estar disponibles en el pastoreo y generar en ese ámbito la infectividad (fig. 4).
Figura 4. Ciclo de vida de los parásitos gastrointestinales

Los niveles más importantes de contaminación e infectividad de las pasturas se producen durante el otoño, invierno y parte de la primavera. El verano es la estación del año donde se produce la mayor mortandad de parásitos en las pasturas, como consecuencia de las altas temperaturas e intensa evaporación.

En bovinos, las larvas infectivas pueden sobrevivir en el pasto y en la bosta por períodos que superan los 12 meses, asegurando la continuidad de la enfermedad parasitaria de un ciclo de producción a otro. En términos epidemiológicos, el hábitat compuesto por las bostas y las pasturas, se conoce como refugio y se estima que contiene más del 95% de la población de lombrices del sistema de producción (fig 5).

Figura 5. Curva de infectividad de las pasturas.

Cuando los animales comienzan el pastoreo, seleccionan áreas alejadas de las bostas (A); sin embargo, cuando el manejo es intensivo con alta carga, los bocados se acercan paulatinamente a los pastos con mayor cantidad de larvas infectivas (B) aumentando significativamente los riesgos de infección parasitaria (fig. 6). De tal forma, en los períodos de escaso crecimiento del forraje –mediados de otoño a primavera- los animales alcanzan a pastorear los espacios que circundan las bostas. Esta situación de baja disponibilidad y calidad del forraje condiciona un alto riesgo de infección para los animales, y una situación extrema donde las pérdidas de producción de carne resultan muy significativas para las categorías jovenes.

Figura 6. Manejo del pastoreo, infectividad.

Asumiendo entonces que, los parásitos establecidos en los animales son solo una mínima proporción en comparación con los que se encuentran en el refugio (pasturas), la aplicación de tratamientos antiparasitarios afectará mínimamente el número total de parásitos del sistema de producción, aunque protegerán en mayor o menor medida su efecto productivo. Es por esta razón que todas las pasturas permanentes están infectadas por parásitos en mayor o menor grado, resultando hasta ahora casi imposible erradicar la enfermedad de los campos.

ESTRATEGIAS DE CONTROL

El Control Integrado de Parásitos en Bovinos se basa en el sistema de Cría Bovina Intensiva (CBI), en donde el pastoreo de las pasturas se realiza con altas cargas de vientres (5 vacas/ha) en primavera-verano. Aplica el conocido efecto de “limpiar” larvas con vacas, logrando pasturas “seguras” que reducen el riesgo parasitario en categorías como terneros destete y retrasando la resistencia antihelmíntica. Las vacas presentan gran resistencia a las infecciones parasitarias como consecuencia de la inmunidad que han desarrollado con los años, lo que se traduce en una acotada contaminación por huevos de nematodos en la materia fecal, generando usualmente condiciones de bajo riesgo, incluyendo a los terneros al pie hasta el destete.

En pruebas a campo donde se aplico el sistema CBI se vio que las terneras recién destetadas dieron conteos de HPG (huevos de parásitos por gramo de materia fecal) significativamente más bajos durante toda la etapa de recría que en terneras de sistemas convencionales (donde no se usaron vacas como limpiadoras de larvas). No fue necesario aplicar antiparasitarios en CBI mientras que en los convencionales continuaron las dosificaciones, sin llegar a parasitosis clínicas. Con el modelo CBI se hallaron respuestas al control parasitario.

De esto se deduce y como conclusión final, la necesidad de convivir con esta situación tratando de hacer manejos que incluyan pastoreos con categorías “limpiadoras”, mantener a los rodeos en estados nutricionales óptimos, ya que son más resistentes, manejar la rotación de los potreros y aplicar buenos controles con antiparasitarios combinando principios activos, y fundamentalmente realizando diagnósticos de cargas parasitarias previo a la aplicación.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

PARASITOSIS GASTROINTESTINAL EN BOVINOS DE CARNE. “ENFOQUE BIOECOLÓGICO PARA UN CONTROL INTEGRADO Y SUSTENTABLE. Cuadernillo Técnico N°16. Fiel, C., Steffan, P.

CONTROL INTEGRADO DE PARÁSITOS GASTROINTESTINALES EN RECRÍA DE TERNERAS EN EL SUR SANTA FE. Cría Bovina Intensiva. Correa Luna, M.C., Morlacco, M.B.