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La imagen que presenta hoy el dique Casa de Piedra es el más fiel reflejo de la tremenda crisis hídrica por la que atraviesa la cuenca del río Colorado.Es que donde había un amplio lago detrás de una larga presa de poco más de 11 kilómetros de largo, tan sólo quedan espacios arenosos a los que ya no cubre el agua como en otros tiempos. Antes del dique, la mirada desde las alturas ofrece un pequeño espejo líquido y el cauce antiguo del río, un poco más ancho, que se extiende hasta que se confunde con el punto donde ingresan los débiles caudales que llegan desde el oeste.

Esta imagen, precisamente, registra tan sólo un antecedente, que se dio allá por la década de los 90 del último siglo, cuando, tras la inauguración de la represa y el cierre parcial de sus compuertas, comenzó el llenado de lo que sería el principal regulador del Colorado.

Después de dos décadas de trabajos que tuvieron avances y detenciones, el complejo comenzaba a cumplir con el principal objetivo desde que fue proyectado: permitir un manejo adecuado de los caudales, que alguna vez fueron más débiles y en otras ocasiones, como a fines de 1982 y comienzos de 1983, inundaron muchas zonas ribereñas, producto de una gigantesca nevada en sus nacientes.

Hoy todo ha cambiado.

La crisis hídrica del Colorado se inició en 2010, después de varios años en los que la normalidad estaba marcada por aportes a veces superiores y otras veces parecidos al promedio histórico de poco más de 4.600 hectómetros cúbicos.

Lo sucedido en 2010/11 parecía una excepción (2.648 hectómetros cúbicos), al igual que el 2011/12 (2.854).

Pero luego se sucedieron años secos, como fueron el 2012/13 (2.604); el 2013/14 (2.370) y el 2014/15 (2.657).

El período 2015/16 tuvo un pequeño repunte (3.446), aunque en el 2016/17 se volvió a la tendencia que venía dándose (2.153); el 2017/18 (2.603) y el 2018/19 (2.806).

Lo cierto es que durante el último ciclo, el 2019/20, las esperanzas de un cambio se derrumbaron, con un registro de tan sólo 1.693 hectómetros cúbicos.

De acuerdo a los registros que se llevan de Buta Ranquil (que extendido con los de Pichi Mahuida suman un siglo), hubo un registro menor, que fue 1968/69, con 1.657 hectómetros cúbicos.

De cualquier manera, la diferencia es que a ese bajo escurrimiento siguieron años normales, con lo que la caída no tuvo mayor trascendencia.

Igual hay que tener en cuenta que a fines de la década del 60, el área de riego en el valle bonaerense del Colorado era muchísimo menor que la que existe en los últimos tiempos, con lo que los efectos negativos fueron inferiores.

En la práctica, la sucesión de ciclos secos o muy secos, como el reciente, no ha hecho más que ir disminuyendo las reservas en el lago Casa de Piedra, hoy, prácticamente desaparecido como tal, según decíamos.

Y el último período fue el más dramático, porque si bien las erogaciones fueron menores, se produjo la pérdida de alrededor de 6,60 metros en la altura de Casa de Piedra, desde el comienzo del ciclo, que se dio el 3 de agosto, cuando se pasó de 15 a 45 metros cúbicos por segundos, y el comienzo de la veda de este año, aguas debajo de la presa, que se dio en dos etapas, la primera de ellas a mediados de marzo, un hecho sin antecedentes.

Esto, sin tener en cuenta que en el último ciclo el agua disponible para riego en el valle bonaerense fue considerablemente menor, a tal punto que en enero, que es cuando mayor es la demanda, fundamentalmente para el cultivo de la cebolla, se erogaron sólo 80 metros cúbicos, contra los 120 normales.

Esa disponibilidad menor marcó un quiebre en la producción del área de riego, que paulatinamente pasó de 140 mil hectáreas en 2010 a 100 mil hasta 2019 y a 70 mil en el último período, con problemas para redondear los cultivos que necesitan agua entre marzo y el 1 de mayo, que era la fecha en que habitualmente se iniciaba la veda.

La sucesión de años secos ha ido haciendo mella en el desarrollo de la zona y, por supuesto, en los productores, que siempre estuvieron atentos a las recomendaciones por parte de las autoridades, en el sentido de hacer un adecuado análisis de los cultivos a emprender y del uso racional del agua.

También tuvieron que padecer entregas menores, lo que sumaron una mayor dificultad, achicando los resultados productivos esperados.

Por lo pronto, ya se sabe que no habrá prácticamente cebolla temprana surgida de la zona, pues varios productores, ante la incertidumbre en

cuanto a la disponibilidad de agua, se han marchado a otras zonas, como el área de IDEVI, próxima a Viedma, abastecida en mejor calidad y mayor cantidad con caudales desde el río Negro.

Esto ya marca un duro golpe al desarrollo del valle bonaerense que se traducirá también en una menor generación de trabajo, con consecuencias sociales que pueden ser muy graves.

Desde el Consorcio Hidráulico del Valle Bonaerense del Río Colorado se ha venido siguiendo con mucha atención esta crisis.

No sólo a través de un contacto permanente con las autoridades de Corfo Río Colorado, sino en un diálogo diario con los más de 1.300 productores existentes en la zona.

Prueba de ello fue la multitudinaria reunión realizada, a mediados de febrero último, en Pedro Luro, en la que se expuso, con claridad, la situación, frente a unos 600 productores, escuchándose atentamente las voces de quienes son el sustento de la zona.

Fue esa una buena ocasión para informar de las gestiones que se venían y vienen haciendo frente a las autoridades principales, en la búsqueda de emprender acciones que permitan un mejor aprovechamiento de los escasos recursos hídricos, por caso a través del revestimiento de canales.

El panorama actual para la cuenca sigue siendo muy difícil.

El lago Casa de Piedra recupera caudal, pero de manera muy lenta y, en consecuencia, no será mucho el volumen de agua disponible para el próximo ciclo productivo, si es que los nuevos aportes no son importantes.

Esta semana se produjo la primera nevada en las nacientes de los ríos Grande y Barrancas, principales afluentes del Colorado, lo que daría una luz de esperanza.

No obstante, habrá que ver qué ocurre de aquí en más.

Los pre-pronósticos no son muy alentadores y se considera que lo poco que resta de mayo (apenas una semana) y junio serán decisivos, en materia de nieve, ya que marcan una tendencia de lo que puede ocurrir en julio y agosto.

El gran interrogante es si se podrá revertir la crisis de los últimos 10 años.

Ojalá el clima tenga un vuelco considerable, se corte la profunda sequía y el panorama cambie totalmente.